De Año en Año

Como cada año desde hace unos diez, pedí lo que quería de regalo, avisé con muchos días de anticipación y recibí más de lo que pedí.


Me llegó primero el amanecer, respirar, despertar con una serenata con canción de Delgadillo en voz de Princesa que, en pijama, con guitarra en mano, advirtió que necesitaba que le soplara yo la letra. Me llegó mi cuaderno de rayitas para escribir cartas a mis amigos-amores, mi caja de colores, mi pastel de queso, una cerveza en lata con sabor a playa, mucho sol, lluvia por la tarde y unas estupendas flores sin huevos -si, ya sé, me van a decir que las flores tienen pétalos, pistilos y esas cosas, pero no huevos... pero si, si te tomas la molestia de pensar en la cumpleañera, de buscarle unas flores, de pagarlas y enviarlas, lo menos que puedes hacer es amarrarte los huevos y firmar la tarjeta (además, crees que soy tan tonta como para no saber quién fue? MENSO!!)-.


La pasé de maravilla, encantada con todo y con todos, aprovechando que fue viernes y que el fin de semana termina en lunes con la última reunión cumpleañística.


Besos a mi, por cumplir bien trabajados mis años, por tener a mis dos tesoros en vida, y porque no me alcanzan los dedos de mis manos para contar a mis amigos.
Besos a la Reina Madre, que me parió sin anestecia y me ha cuidado desde entonces. (ok papá, besos a ti también)
Y por montones, besos a Princesa por hermosa e inteligente y a Bolito porque por fin ya le esta saliendo cabello negro.

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