martes, 22 de octubre de 2024

Un siglo.

 Esta entrada no es como las últimas, pero casi...


En 1924, hace un siglo, mi bisabuelita contraía nupcias con mi bisabuelito. Un siglo de historia familiar justo aquí donde escribo éstas letritas.

Ella, nacida aquí en la ciudad capital, farmacéutica de profesión, boticaria de oficio, consagrada a la orden seglar de San Francisco, dedicaba gran parte de su día a tocar las puertas de los vecinos de la aún en construcción colonia donde vivimos ahora. Su intención era conectar a los que tenían con los que no. Hacía una lista de necesidades y la colocaba en la puerta de la botica, para que quien entrara se enterara que alguien necesitaba desde lo más básico como un pan para alimentar a su familia, hasta artículos de lujo como una heladera -algo que hacía las funciones de un refrigerador-, pasando por quienes pedían trabajo y quienes ofrecían sus servicios.

Desde julio, Princess ha estado trabajando en el mismo proyecto sin saber que su tatarabuelita hacía lo mismo. Propuso la Operación María de Nazareth, en el que un grupo de misioneros, vecinos voluntarios, tocarían a la puerta de cada persona en nuestra colonia, la misma que nació mientras mis bisabuelitos empezaban su historia familiar, hizo todo el plan, pensó en cómo capacitar a los voluntarios, cómo sensibilizar a la comunidad para que participara, para que levantara la mano para pedir, pero también para dar, nos diseñó uniformes, gafetes, formatos, nos moldeó el ánimo, oró sin cesar cada día no por su propio éxito, si no por cada voluntario, por cada vecino, porque podamos cubrir cada necesidad de nuestra propia comunidad entre todos.

Princess no sabe que su tatarabuelita hacía exactamente lo mismo que ella. Tampoco lee éste blog, ni recibirá el agradecimiento de nadie al final, igual que mi bis, y sé que ella no espera ni las gracias ni el reconocimiento, pero no se imaginan cuánto orgullo siento yo, ni cuánta paz me deja saber que el amor y legado de su familia está en ella, que vino al mundo para servir, que busca el bien de quienes la rodean y no solo el propio.

Nunca le pedí que tomara notas, que sacara dieces - aunque siempre lo ha hecho -, lo que le pedía es que hiciera un amigo, y la veo hacer millones de ellos, siendo el vehículo del amor de Dios a través de ella.



Te amo Princess!! Eres mi sol.



Besos a quienes han aportado a la vida de Princess.

Nada para el resto.

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