miércoles, 7 de enero de 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 6, 45-52

 Verán... Llevo mucho tiempo en ésto, escribiendo homilías para quien no las escucha, ni las lee, ni les entiende, mucho menos las atiende.

Me toca la de hoy!! Que justo es el mismo Evangelio que la última que me tocó en diciembre, solo que en vez de Mateo ahora es con Marco.

Que sigue habiendo qué decir, sí, sigue habiendo. Que sigue habiendo el mismo público de 5 que no entiende porque no aplica nada (sin contal al papá de mi criatura que solo lee para espiarme y sigue siendo deudor alimenticio).

Así que les dejo la última homilía de éste blog, y me jubilo de homilías. Que Dios haga lo que considere con ustedes, y nos retire el libre albedrío, porque evidentemente no sabemos qué hacer con él.

A lo que vamos:

Querida comunidad!! No les veo desde hace un mes, y eso fue el año pasado, ya nos extrañamos o todavía no? jeje…

 Y qué creen? Que la última vez que estuve por acá con ustedes, el evangelio fue el mismo, lo recuerdan?

 Les contaba que es un milagro muy escandaloso, porque había mucha comida, porque había mucha gente, por que es muy popular para contar y porque en la vida diaria nos encantaría que todo se nos multiplicara así con la misma facilidad con la que Jesús lo hizo en aquella ocasión, y podríamos nosotros?? Yo creo que si…

Y para eso vamos a regresar a la primera lectura de hoy:

De la primera carta del apóstol san Juan 4, 11-18

Les repito la cita por si nos ven despuesito y para que no tengan que buscarle al video o al misal.

En ésta lectura Juan nos recuerda algo poderosísimo:

Que Dios es la fuente del amor perfecto. No del amor de pareja, o del amor filial, o del amor romántico, o del amor tal o cual, porque eso son etiquetas que nosotros le ponemos al amor para dividirlo y hacerlo más chiquito. Dios es la fuente de TODO el amor, del que nosotros parece que nos tenemos de vez en cuando, y digo que parece que nos tenemos porque fallamos! Fallamos amándonos unos a otros con el amor de Dios, porque nos enojamos unos con otros, porque nos desesperamos, porque nos asustamos, porque, sobre todo, nos gusta, pero gusta gusta gusta tener siempre la razón y que todo pase como a nosotros nos gusta.

Les voy a poner un ejemplo: Mi hermano vive en una casita donde el frente de su muro es cortito, si se estaciona ahí en frente de ese muro su coche tapa o el zaguán de la derecha o el de la izquierda, así que tiene que estacionar su coche en otra banqueta, y los vecinos, cada vez, o sea a diario, salen a gritarle y a pedirle que mueva su coche de enfrente de sus muros. No se estaciona estorbando en ningún zaguán, no se estaciona sobre ningún balizado de discapacitado o frente a ninguna rampa, pero igual le gritan y le piden que se mueva. Las primeras veces se movía, pero luego de 3 meses de ese ejercicio de gritos diarios ya se enojó, y grita de regreso, entonces esa calle tiene peleas diario porque todos quieren estacionarse frente a sus casas. Todos gustan de tener la razón. Ya sé… me van a decir que son gente mala, que no conocen a Dios, que es una población peleonera… pero resulta que a todos esos vecinos los veo en misa cada semana, y nos deseamos la paz, y ponemos monedita en la limosna, y hasta hemos ido de retiro juntos, y en la iglesia somos como blancas palomas! Pero afuera en la banqueta, se nos olvida que amar al prójimo es todo el tiempo, no solo en misa, no solo en catequesis, no solo en los retiros, no solo en la plática de Ram, no solo el día que nos reunimos al rosario. Amarnos es de diario. Abandonarnos a Dios en el servicio a otros es de todo el tiempo, en cada momento, en todas las situaciones.

Les pregunto muchas veces a media homilía: Y cómo vamos con esto? Vamos mal. Vamos muy mal. A veces nos quejamos por las noticias porque siempre es una tragedia tras otra, pero no hacemos la paz ni en lo chiquito de nustras casas o nuestra calle.

 Nos dice Juan:

Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.

 Si ésto lo recordásemos cuando leemos el Evangelio de la multiplicación de los panes, deberíamos estar pensando en cómo hacer le para que se nos multiplique el amor de Dios, ese que es perfecto, entre nosotros, todo el tiempo, todos los días, cada vez que queremos tener la razón, cada vez que las cosas no nos salen como nos gusta, ese es el momento de multiplicar en mi corazón los peces y el pan que Dios le regaló con y por amor, a la multitud entre los que tu y yo también estamos.


Y que Dios nos ayude con eso.









Besos a quienes saben el reglamento de tránsito.
Nada para le resto.

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Del santo Evangelio según san Marcos 6, 45-52

 Verán... Llevo mucho tiempo en ésto, escribiendo homilías para quien no las escucha, ni las lee, ni les entiende, mucho menos las atiende. ...