Verán... Llevo mucho tiempo en ésto, escribiendo homilías para quien no las escucha, ni las lee, ni les entiende, mucho menos las atiende.
Me toca la de hoy!! Que justo es el mismo Evangelio que la última que me tocó en diciembre, solo que en vez de Mateo ahora es con Marco.
Que sigue habiendo qué decir, sí, sigue habiendo. Que sigue habiendo el mismo público de 5 que no entiende porque no aplica nada (sin contal al papá de mi criatura que solo lee para espiarme y sigue siendo deudor alimenticio).
Así que les dejo la última homilía de éste blog, y me jubilo de homilías. Que Dios haga lo que considere con ustedes, y nos retire el libre albedrío, porque evidentemente no sabemos qué hacer con él.
A lo que vamos:
Querida comunidad!! No les veo desde hace un mes, y eso fue el año
pasado, ya nos extrañamos o todavía no? jeje…
Y para eso vamos a regresar a la primera lectura de hoy:
De la primera carta del apóstol san
Juan 4, 11-18
Les repito la cita por si nos ven despuesito y para que no tengan que
buscarle al video o al misal.
En ésta lectura Juan nos recuerda algo poderosísimo:
Que Dios es la fuente del amor perfecto. No del amor de pareja, o del
amor filial, o del amor romántico, o del amor tal o cual, porque eso son
etiquetas que nosotros le ponemos al amor para dividirlo y hacerlo más
chiquito. Dios es la fuente de TODO el amor, del que nosotros parece que nos
tenemos de vez en cuando, y digo que parece que nos tenemos porque fallamos!
Fallamos amándonos unos a otros con el amor de Dios, porque nos enojamos unos
con otros, porque nos desesperamos, porque nos asustamos, porque, sobre todo,
nos gusta, pero gusta gusta gusta tener siempre la razón y que todo pase como a nosotros nos gusta.
Les voy a poner un ejemplo: Mi hermano vive en una casita donde el
frente de su muro es cortito, si se estaciona ahí en frente de ese muro su
coche tapa o el zaguán de la derecha o el de la izquierda, así que tiene que
estacionar su coche en otra banqueta, y los vecinos, cada vez, o sea a diario,
salen a gritarle y a pedirle que mueva su coche de enfrente de sus muros. No se
estaciona estorbando en ningún zaguán, no se estaciona sobre ningún balizado de
discapacitado o frente a ninguna rampa, pero igual le gritan y le piden que se
mueva. Las primeras veces se movía, pero luego de 3 meses de ese ejercicio de
gritos diarios ya se enojó, y grita de regreso, entonces esa calle tiene peleas
diario porque todos quieren estacionarse frente a sus casas. Todos gustan de tener la razón. Ya sé… me van a
decir que son gente mala, que no conocen a Dios, que es una población peleonera…
pero resulta que a todos esos vecinos los veo en misa cada semana, y nos
deseamos la paz, y ponemos monedita en la limosna, y hasta hemos ido de retiro
juntos, y en la iglesia somos como blancas palomas! Pero afuera en la banqueta,
se nos olvida que amar al prójimo es todo el tiempo, no solo en misa, no solo
en catequesis, no solo en los retiros, no solo en la plática de Ram, no solo el
día que nos reunimos al rosario. Amarnos es de diario. Abandonarnos a Dios en
el servicio a otros es de todo el tiempo, en cada momento, en todas las
situaciones.
Les pregunto muchas veces a media homilía: Y cómo vamos con esto? Vamos mal. Vamos muy mal. A veces nos quejamos por las noticias porque siempre es una tragedia tras otra, pero no hacemos la paz ni en lo chiquito de nustras casas o nuestra calle.
Si Dios nos ha amado tanto, también
nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca;
pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor
en nosotros es perfecto.
Y que Dios nos ayude con eso.
Nada para le resto.
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