Qué bonito Evangelio éste, en el que Jesús nos deja casi como una receta de cocina, las palabras que debemos decirle a papá Dios para hablar con Él.
Y nos las aprendimos a pie juntillas, las repetimos de memoria, las
rescatamos cuando nos sentimos en peligro, cuando la tristeza nos inunda,
cuando desfallecemos porque la vida nos atropella, las repetimos y las
repetimos.
Le llamamos Padre Nuestro, para recordarnos que somos su hijos, aunque
de repente se nos olvide que TODOS somos sus hijos, y que hay que tratar a
todos como hermanos.
Mencionamos que esta en el Cielo para recordar que esa es nuestra meta,
llegar a su lado al final de nuestro tiempo acá en la tierra.
Le alabamos diciendo Santificado sea tu nombre, aunque de pronto lo
usemos en vano y hablemos mal de Él y de sus hijos.
Pedimos que Venga a nosotros su reino, porque nos cuesta un montón ir
formando nosotros mismos Su reino de amor entre nosotros.
Le pedimos Hágase tu voluntad casi diciéndolo de carrerita porque en
realidad queremos que se haga la nuestra. Acá en la tierra y allá en el cielo,
queremos que sucedan las cosas como queremos nosotros.
Pedimos Danos hoy nuestro pan de cada día, porque a veces pensamos en
tantas cosas mundanas, que se nos olvida comulgar, y no estoy hablando
precisamente de la hostia consagrada, que deberíamos, pero qué tal de hacer
comunión? Hacer común unión con todos los hijos de Dios?
Pedimos que se nos perdone, reconociendo nuestra imperfección, y
ofrecemos perdonar a todos, aunque estas otras palabras también las decimos
casi en murmullo porque perdonar de verdad es un trabajo bien complicado.
Rogamos que nos elimine las tentaciones porque sabemos que somos
débiles y podemos caer si no estamos a las vivas!
Y claro, como siempre hijos del Padre, pedimos que nos proteja del mal,
ojalá sea del externo, pero también de generarlo nosotros mismos.
Es relativamente sencillo analizar cada frase del Padre Nuestro, la
misma cita bíblica es muy cortita, solo 4 versículos.
Lo difícil, y aquí está la tarea, es HACER el padre nuestro, lo
complicado es RECONOCER que nos equivocamos, lo DOLOROSO que es corregirnos a
nosotros mismos y entre nosotros, le vemos en la primera lectura, Pablo
corrigiendo al mismísimo Pedro, porque se le fueron las cabras, se le torció el
camino, mucho o poco, pero iba en la dirección equivocada, estaba, la cabeza de
nuestra iglesia, siendo humano como tú y como yo, metiendo la pata, dejando la
congruencia perdida al fondo del bolsillo.
Y si le pasó a Pedro, que conoció en persona a Jesús, que pasó con él 3
años aprendiendo a vivir Jesusmente, cómo crees que nos pasa a ti y a mí? Qué
tanto crees que nos tengan que perdonar los que nos tienen cerca? Lo de menos
es perdonarlos también.
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