Había una vez una niña que escribió un cuento para cumplir una tarea. La maestra esperaba un párrafo (a últimas fechas, que un chamaco escriba un párrafo de algo que no es copy-paste es un logro), pero al revisar la tarea encontró varias cuartillas. Esa tarea fue guardada en el portafolios de la maestra para leerla más adelante, fue leída, corregida, se le hicieron anotaciones y sugerencias, y se le solicitó terminar la historia sin condicionar la calificación.
La niña dejó la tarea de terminar el cuento de lado, los trabajos en casa le resultaban tediosos y si no habría calificación pendiente no habría, según ella, por qué invertirle más tiempo.
3 años después encontró esa tarea, sus notas y sugerencias... la niña me preguntó "Y si lo termino... lo ilustras y lo publicamos?"
Esa niña es Princesa, quien luego de 3 años en los que ha devorado libro tras libro, unos por tarea, otros por gusto, y por qué no decirlo, otros porque su madre la reta, ha decidido publicar su primer libro.
Yo mientras, a clases de pintura, óleo, acuarela, pastel, a practicar el arrastre del lápiz, para que en cuanto ella diga "píntame un loquesea" yo esté preparada para lo que ella necesite.
Besos a Princesa, que a sus 12 años de vida me tiene embobada.
(Y miren que no me impresionan tan fácilmente)
Nada para el resto.
martes, 11 de noviembre de 2014
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